miércoles, 21 de enero de 2015

Extraños.

Éramos dos extraños que sabían de la presencia del otro,
pero no se conocían,
solo de vista.

Ninguno sabíamos absolutamente nada del otro,
solo que respirábamos el mismo oxígeno para vivir.

Un día decidí hacerte más caso, llamar tu atención,
así que comencé a verte sin que tú te dieras cuenta,
en esos momentos de vistazos fugaces me di cuenta de que tienes
una sonrisa JODIDAMENTE BONITA cuando piensas que nadie mira,
ese nadie
                 soy yo.

Entonces me hablaste, bueno, si a eso se le puede llamar hablar;
lo que quiero decir es que esa mirada que me echaste de reojo dijo
más de lo que te crees,
más de lo que alguna vez llegarás a saber.

Fue de esas miradas que te hacen respirar más fuerte,
te hacen latir más rápido,
te hacen vibrar de una manera tan intensa que casi asusta. Casi.

Esa mirada que decía: Vibremos juntos.
Y la mía respondió con un gran: ¿Por qué no?

Pero solo somos dos extraños,
y lo único que sabemos el uno del otro es el color de las miradas,
marrón contra verde, Un bosque hecho de miradas.

No sé si te diste cuenta de mi respuesta o no,
por si acaso te miraré,
te miraré hasta que no puedas apartar tus ojos de los míos,
te miraré hasta que cuando los cierres veas el verde apagado de mi mirada;
y entonces, me digas: ¿Por qué no?

                              En ese momento dejaremos de desconocernos.
                             En ese momento seremos otro tipo de extraños.
                            En ese momento las miradas brillaron más que 
                              nunca por la promesa de ese ¿por qué no?

No hay comentarios:

Publicar un comentario