una tras otra. Yo fui una de esas hojas,
más bien fui el árbol que se quedó sin ellas.
Seco y feo.
Al igual que el árbol perdía sus hojas por el
tiempo, yo iba perdiendo cada vez un pedacito
más de mí hasta que no quedó
nada.
Pero entonces pasó el tiempo, tras el duro y
frío invierno llegó la primavera:
toca florecer de nuevo.
Recuperar esas hojas perdidas,
no todas juntas, sino poco
a
poco hasta estar completa.
Llena de vida otra vez.
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