Y a pesar de eso siempre y sin excepción acabamos en el principio de todo, creyéndonos fuertes, pero aún así somos conscientes de que nos mata por dentro la impotencia de no poder borrar esos recuerdos, la impotencia de no poder olvidar nunca del todo.
lunes, 28 de mayo de 2012
Llamémoslo impotencia.
Nos creemos fuertes, que podemos con todo, que aunque se compliquen las cosas somos capaces de sacarlas adelante. Si, todo vuelve a ir bien, todo va bien hasta que algo cambia. Un cambio. Por muy pequeño que sea ese cambio es capaz de acabar con todo eso que habías arreglado, que habías vuelto a construir; lo acaba derrumbando y todo está hecho añicos, todo se ha quedado roto. Te has quedado, en cierto modo, roto y de alguna forma automática consigues levantar una especie de barrera mostrándole al mundo que tú sigues bien, que sigues con una sonrisa adelante, que simplemente no ha pasado nada, pero dentro, dentro de esa barrera no eres capaz ni de imitar la sombra de esa sonrisa. No sale, es imposible. Estás roto, resquebrajado. ¿Por qué? Por no olvidar, por permitir que recuerdos y persones que querías sacar de tu mente, de tu cabeza sigan ahí, pero ¿es posible olvidar totalmente a alguien? ¿Es posible borrar momentos que creías imborrables? Al principio, crees que sí, que eso en cierto modo, dentro de un tiempo lo tendrás más que olvidado. Y puede que sea así, entonces sin que ni siquiera lo veas venir, de una forma totalmente inesperada sucede algo que activa tus recuerdos, esos que supuestamente creías olvidados y vuelven de golpe de forma aleatoría, dejándote sin fuerzas, sin ganas de nada y lo único que quieres es hacer que se vayan, que ese eco de risas en momentos agradables se esfumen; que la melodía de una canción que fue tu favorita desaparezca. Que toda se vaya, que solo quede vacío, y entonces solo consigues sentirte vacío. No sabes qué hacer, no sabes qué o en quién pensar, todo está confuso.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario